lunes, 19 de julio de 2010

Depravación total

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Antes que nada, compartir con los lectores cristianos los pasajes que ayer, domingo, Día del Señor, leímos y estudiamos con Don Emilio, nuestro pastor:

Gálatas 1:1-6: 1 Pablo, apóstol (no de parte de hombres ni mediante hombre alguno, sino por medio de Jesucristo y de Dios el Padre que le resucitó de entre los muertos), 2 y todos los hermanos que están conmigo:A las iglesias de Galacia: 3 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo, 4 que se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 6 Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; 7 que en realidad no es otro evangelio, sólo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema. 10 Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.

2 Juan: 1 El anciano a la señora escogida y a sus hijos, a quienes amo en verdad, y no sólo yo, sino también todos los que conocen la verdad, 2 a causa de la verdad que permanece en nosotros y que estará con nosotros para siempre: 3 Gracia, misericordia y paz serán con nosotros, de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. 4 Mucho me alegré al encontrar algunos de tus hijos andando en la verdad, tal como hemos recibido mandamiento del Padre. 5 Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros. 6 Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento tal como lo habéis oído desde el principio, para que andéis en él. 7 Pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo. 8 Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa. 9 Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni lo saludéis, 11 pues el que lo saluda participa en sus malas obras. 12 Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no quiero hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que vuestro gozo sea completo. 13 Te saludan los hijos de tu hermana escogida.

Tras el sermón de la tarde, aprovechando que el calor había remitido un poco, fui a dar un paseo por uno de los parques de mi ciudad y tuve ocasión de ver, sentado en un banco mientras pensaba en mis cosas, algo que parecía una especie de ceremonia pseudo-cristiana, puesto que estaban celebrando algo muy similar a la Cena del Señor, pero de una forma un poco peculiar. Eran un grupo de unos quince jóvenes, algunos con aspecto de españoles y otros de sudamericanos, algo muy similar a lo que vi en una ocasión en una iglesia pentecostal: tatuajes y piercings, con camiseta, bermudas y chanclas (sé que la fe no es cuestión de raza, nacionalidad o clase social, a todos nos llegará la hora de comparecer ante el Tribunal de Cristo, ni soy legalista al extremo, pero en los cultos al Señor un mínimo de compostura hay que tener), en general "modernitos", como se suele decir por aquí.

En mi ciudad, prácticamente solo una iglesia merece considerarse reformada. El resto del panorama de iglesias evangélicas son todas pertenecientes a las Asambleas de Dios o al movimiento que ha venido en llamarse "Iglesia Emergente", iglesias que pervierten absolutamente la Palabra de Dios y que ofrecen una visión de la fe como si esta consistiera en presentar algo atractivo y adaptable a cada fiel, vanguardista y moldeable según las nuevas tendencias de la sociedad, buscando "cosas creativas".

Es un intento de mezclar Iglesia y mundo, como si las dos fueran compatibles, olvidando que los cristianos vivimos y trabajamos en este mundo, pero no somos de este mundo. Sonará muy raro a quien no sea cristiano pero es la Verdad ("Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios", 1 Corintios 1:18) y eso está por encima de cualquier consideración de este mundo.

¿A quién intentamos agradar? ¿A los hombres o a Dios? Líbreme Él de condenar a nadie, pero esta gente parece pensar que hace un favor a Dios atrayendo nuevas almas, que lo único que tendrán será una sombra de fe que se resquebrajará y se romperá a la mínima dificultad o al mínimo golpe que les dé la vida, cuando no es el hombre quien trae a nadie a Dios sino que Él mismo, con su gracia irresistible, atrae y adopta a quien quiera salvar de la muerte.

Nos ha tocado vivir una época en que muchos supuestos creyentes, puede que involuntariamente, pero totalmente equivocados, terminan convertidos en servidores de Satanás.
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Continúo con la cuestión exclusivamente teológica que inicié el sábado.

El hombre, como dije, es incapaz, por sí mismo, de guardar perfectamente los mandamientos de Dios, sino que diariamente los quebranta en pensamiento, palabra y obra. Todos pecamos cada día y, es más, Dios, mediante la Ley, nos demuestra que los hombres, por si mismos, son incapaces de cumplirla, que necesitamos el sacrificio de Cristo, que nos libre de la maldición de la Ley, aplacando la justa cólera de Dios por nuestras transgresiones diarias. Nada bueno hay en nosotros si Dios no lo pone en nuestro corazón y, aún así, aunque los cristianos intentemos perseverar en la santidad, sin que nos sostenga, podemos volver a caer. Pero, ¿por qué motivo?

Si leemos la Biblia, sabremos que el estado natural del hombre es un estado de depravación total y por consiguiente, existe una inhabilidad total de parte del hombre para ganar, o contribuir, a su salvación.
La depravación total, uno de los cinco puntos desarrollados por los seguidores de Juan Calvino, a partir de su obra, no quiere decir que cada hombre es tan malvado como pueda ser (hay quien dice, muy desafortunadamente, que los calvinistas consideramos que "el hombre es poco más que basura"), ni que el hombre sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios, ni tampoco de que sea incapaz de hacer algún bien hacia su prójimo o aun dar lealtad externa a la adoración de Dios. Lo que sí se quiere decir es que cuando el hombre cayó en el Huerto del Edén cayó en su totalidad. La personalidad completa del hombre ha sido afectada por la caída, y el pecado se extiende al completo de las facultades, la voluntad, el entendimiento, el afecto y todo lo demás.


La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por naturaleza, está muerto: "Así que como por un hombre el pecado entro en el mundo, y la muerte por el pecado; y así la muerte paso a todos los hombres, porque todos han pecado" (Romanos 5:12).


El hombre está esclavizado por el pecado: "Que con mansedumbre corrija a los que se oponen: si quizás Dios les dé que se arrepientan para conocer la verdad; y se zafen del lazo del diablo en que están cautivos a voluntad de él" (2 Timoteo 2:25). Solo Dios nos libra de la servidumbre del pecado: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre" (Éxodo 20:2), "En tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido; con tu poder los has guiado a tu santa morada" (Éxodo 15:13), "Porque yo soy Jehová, que os he hecho subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos porque yo soy santo" (Levítico 11:45).

El hombre está ciego y sordo: "Y les decía: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero los que están afuera reciben todo en parábolas" (Marcos 4:11).


No estamos instruidos: "Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente" (1 Corintios 2:14).


Somos pecaminosos por naturaleza: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre" (Salmos 51:5); "Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal" (Génesis 6:5).


La depravación llega a tal punto que siendo ofrecida la salvación a todos, todas las personas la rechazan, prefiriendo estar en sus pecados y en lo mundano: "Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas" (Juan 3:19). El hombre no regenerado esta muerto en sus pecados (Romanos 5:12). Sin el poder del Espíritu Santo, el hombre natural esta ciego y sordo al mensaje del Evangelio (Marcos 4:11). El hombre sin el conocimiento de Dios nunca vendrá a reconocer esta doctrina a no ser que Dios le dé vida a través de Cristo (Efesios 2:1-5). La salvación es de Dios, nada podemos hacer si Dios no nos salva.


Esto nos llevaría al punto relativo a la elección incondicionada pero ya sería cuestión de tratar esto en otro momento.


Como cierre, y volviendo al liberalismo, ¿entienden por qué muchos liberales insistimos tanto en que hay que limitar en lo posible el poder que caiga en manos de un ser tan depravado?
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