viernes, 30 de julio de 2010

¿Qué diferencias existen entre el calvinismo y el arminianismo?

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Una fundamental entre las dos doctrinas es que la primera está basada en la verdad contenida en la Biblia y la segunda en una herejía. Aunque, a este paso, nuevos movimientos y corrientes que están surgiendo en las iglesias terminarán dejando, en comparación, a los arminianos casi como a unos ortodoxos.

El artículo enlazado abajo expone bastante bien las semejanzas y diferencias entre ambos, aunque algo tendré que puntualizar al final.


Resumidamente, y ya que estoy explicando sus puntos en otras entradas, el calvinismo, teológicamente, pone su énfasis en la soberanía de Dios sobre todas las cosas, hasta el punto de que las personas son completamente incapaces de seguir a Dios o escapar de la condenación delante de Él por sus propios méritos (el hombre, a consecuencia de la caída de Adán, está incurso en el pecado, en un estado de depravación total, en el cual, es un enemigo de Dios). Todos somos culpables y sería justo que fuéramos condenados por nuestros pecados, pese a lo cual Dios, en Su Gracia y misericordia y en la soberanía absoluta que tiene elige a algunos para ser salvos, sin que estos hayan realizado obra alguna que les haya hecho merecedores de la misma a través de la obediencia de fe que es el regalo de Dios. Cada persona por quien Dios haya tenido misericordia es salvada sin que para ello sea obstáculo el estado pecaminoso en que se encuentra. El cristiano no pierde la salvación puesto que esta es sola y exclusiva voluntad de Dios y Él no va a perder a ninguno de los que ha decidido salvar.

Dos de los pasajes bíblicos en los que Juan Calvino y, posteriormente, sus seguidores fundamentaron la doble predestinación fueron "así como nos escogió en unión con él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin tacha delante de él en amor. Pues nos predeterminó a la adopción mediante Jesucristo como hijos para sí mismo, según el beneplácito de su voluntad" (Efesios 1:4-5) y "Mas cuando se manifestó la bondad del nuestro Salvador Dios, y su amor para con los hombres, No por las obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia, nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;" (Tito 3:4-5).

Tras la muerte de Calvino, en 1564, su obra fue continuada por Teodoro Beza, surgiendo, en los años siguientes, las corrientes de los calvinistas llamados "supralapsarios" y los "infralapsarios", los primeros creían que Dios antes de crear el mundo, ya había decretado cuáles deberían ser salvos y cuáles condenados, mientras que los infralapsarios defendían que, a partir del pecado de Adán, fue cuando Dios decretó que ciertos hombres serían salvos y otros perdidos. Esta última ha sido la recogida por las iglesias presbiterianas.



El arminianismo, fue fundado por Jacobo Arminio, teólogo holandés que vivió en la segunda mitad del siglo XVI, quien elaboró su doctrina como respuesta a la doble predestinación calvinista. Para los no iniciados o no conocedores, es una teología bastante curiosa, puesto que sustenta la salvación en la fe, pero no en la Gracia de Dios, en el sentido de que la fe puede perderse aunque se haya sido, en principio, salvo. Si el cristiano pierde la fe, pierde la salvación, en parte, pues, ésta dependería de Dios y, en parte, también del hombre. No acepta, por tanto, que algunos estén predestinados para salvación y otros predestinados para perdición. Otra de las ideas curiosas del arminianismo es la consistente en que, pese a que el hombre puede perder la salvación por sus propios actos, por su propia culpa, no obstante, desde antes de la Creación, Dios sabe quiénes serán salvos y quiénes no.

La teología arminiana fue desarrollada, tras la muerte, en 1610, en un documento de cinco puntos titulado "Remonstrants". Estos puntos fueron tomados y estudiados por los seguidores de Calvino, quienes los refutaron con otros cinco puntos, que fueron llamados "los cinco puntos del calvinismo" (o Doctrinas de la Gracia), los cuales han sido la base para las denominaciones reformadas.

La exposición, siendo bastante buena, no obstante contiene un único punto con el que no puedo estar más en desacuerdo, cuando se llama a que calvinistas y arminianos trabajen armonía para la predicación del Evangelio. Con respecto a la fe soy totalmente separatista, en cuanto que la única armonía posible es predicar la verdad, lo contenido en la Biblia, toda inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17) y no doctrinas, como el arminianismo, basadas en interpretaciones de las Escrituras carentes de base.

Es cierto que, tras la condena del arminianismo, en 1618, por el Sínodo de Dordreht, Juan Van Olderbarnevelt y otros dirigentes arminianos fueron ejecutados, mientras que otros, como Hugo Grocio y Simón Episcopus, tuvieron que exiliarse, hechos lamentables, todo hay que decirlo, la refutación teológica se produjo estrictamente en base a la Biblia.

El libre examen individual de las Escrituras y la confianza en ser ayudados por Dios, a través del Espíritu Santo, para comprenderlas, frente a la interpretación realizada por una organización eclesiástica piramidal y monolítica, fomentó, desde mediados del siglo XVI, una libertad que se expandió a otros campos. El libre examen llevó al surgimiento de una fe racional, alejada de los dogmas impuestos más allá del contenido de la Palabra de Dios manifestado en la Biblia, y basada en el libre pensamiento. Precisamente, una de las principales críticas desde la doctrina católica a la reformada es la aparición a partir del protestantismo de sectas como los Adventistas del Séptimo Día o los Testigos de Jehová, por no existir, precisamente, una doctrina unitaria.

Esas desviaciones hay que combatirlas pero desacreditándolas con la Biblia, como hizo el calvinismo con el arminianismo. Pero, en todo caso, ese es uno de los precios que ha tenido la libertad, tener que convivir con esas corrientes, al igual que, en lo político convivimos, por ejemplo, con alguien que se declare comunista y odie la fe, aunque luchemos contra los principios de su ideología.

Pero, en todo caso, estando por medio la verdad, con una doctrina como el arminianismo no cabe la fusión, unión o colaboración, sino que ésta salga del error.


Calvinismo y Arminianismo: Entendiendo las Diferencias
-por Jorge L. Trujillo

www.vidaeterna.org
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