viernes, 15 de octubre de 2010

Idolatría (II)

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Hablé en la entrada anterior sobre la idolatría que constituye una de las doctrinas fundamentales de la Iglesia Católica Romana y esa especie de simbiosis o sincretismo entre creencias cristianas y paganas. Pero yo, al fin y al cabo, no soy católico sino cristiano. El problema fundamental con la Iglesia Católica Romana es la creencia que enseña esta institución de que la sola fe en Jesucristo no es suficiente para la salvación, que la sangre de Cristo derramada en Su sacrificio en la Cruz del Gólgota no fue suficiente para pagar por los pecados. ¿Son salvos los católicos? Está claro que ni siquiera todos los protestantes se puede decir que sean salvos puesto que la Salvación depende de la fe únicamente en Jesús para la misma, otorgada por exclusiva Gracia y misericordia de Dios, si dependiera de pertenecer a una iglesia u otra, es que entonces dependería de las obras y los actos propios, dependería de que el creyente tuviera acierto a la hora de escoger la iglesia correcta, lo cual no es bíblico. Ahora bien, no hay que olvidar Isaías 55:11: "así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié". La Biblia tiene una fuerza y una dureza mayor que el diamante. Por algo todos quienes han intentado destruirla han fracasado. Por muchas enseñanzas y prácticas antibíblicas que se propaguen la Verdad del Evangelio siempre saldrá a la luz. A fin de cuentas, algo de la Biblia sí se enseña en la Iglesia Católica, algunos de sus fieles sí la escudriñan y leen y las ediciones católicas de la misma, salvo los libros apócrifos, también conducen a la Verdad. Puede haber católicos romanos que tengan toda su fe en Jesucristo para la Salvación, creyentes, a pesar de lo que la Iglesia Católica enseña, no gracias a lo que enseña, por supuesto, y porque por muchas patrañas y engaños mundanos con los que se enrede, al final, Cristo siempre triunfa.

Más alarmante aún, son es el sincretismo entre cristianismo y otras creencias mundanas dentro de los evangélicos.

Una de las manifestaciones de esto es el conocido como "creacionismo científico". Les recomiendo esta entrada publicada, hace varias semanas, por el señor Alfredo en su bitácora. Este movimiento supone algo así como tirar a la papelera 2 Timoteo 3:16-17, "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra". Muy similar a la interpretación que hace la Iglesia Católica Romana de este versículo, que la Biblia es materialmente suficiente pero no formalmente suficiente: materialmente en el sentido de que todo lo que un cristiano necesita lo encontrará en las Escrituras, pero formalmente porque, pese a que lo todo lo pueda encontrar, para entender la Biblia, necesitaría que la Iglesia Católica Romana la interpretase, a la luz de su tradición.

Más o menos, creo que podría verse esto como algo similar, pretender que el cristiano sí que tiene todo en el relato del Génesis pero para que para entender la Creación necesita añadidos ajenos a ese relato, retorcerlo para adaptarlo a teorías pseudocientíficas (ideas disparatadas como la de la envoltura de vapor de agua alrededor de la Tierra, por ejemplo, para tratar de "demostrar" el Diluvio, busquen en internet, es fácil encontrar más webs cristianas que defienden estas cosas) que pretenderían "demostrar" su veracidad. Colocar la verdad no en la Palabra de Dios sino en estas supuestas teorías, además no verificadas en modo alguno. Puesto que no solo es que se hurte la verdad de la suficiencia del relato bíblico sino que, es más, encima, se pone y se la hace depender de hipótesis que ni siquiera la ciencia ha verificado.

No hay que mezclar churras con merinas, ciencia y fe van por caminos distintos y no se trata de que la segunda rechace la primera, sino de tener claro que nos da cada una. La ciencia nos da conocimiento del mundo que nos rodea nos llega a través de los sentidos, la observación y la experimentación (debe contemplarse de una forma intelectual, como una forma de obtener conocimientos); el de Dios llega a través de la verdad revelada en la Biblia, a Dios no se le conoce mediante la ciencia sino mediante la revelación de Su Palabra (o se acepta la verdad revelada o no se acepta, no es algo sometido a experimentación). La ciencia, los descubrimientos que se realicen, pueden hacer que nos impresionemos ante la obra de Dios a través de la armonía perfecta que existe en el Universo, la complejidad y reproducción del ADN o el funcionamiento de las leyes de la física (en la propia Biblia, Salmo 19:1, se dice: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos"), pero eso es distinto, no es buscar la revelación a través de la observación o de la construcción de hipótesis, que es lo que hacen estos creacionistas científicos, no serían la premisa de la que partir.

Pero es que el creacionismo científico ni es ciencia ni es fe. Es dar la razón a los evolucionistas materialistas o ateos que postulan que evolución y creación son dos conceptos excluyentes como el agua y aceite, intentando explicar el Génesis mediante curiosas teorías en las que cualquier parecido con la ciencia es pura coincidencia.

Sus orígenes podemos encontrarlos allá por 1963, cuando Henry M. Morris, antiguo profesor universitario, doctorado en Hidráulica, y un grupo de creacionistas como él, en 1963, organizaron la "Sociedad para la Investigación de la Creación". En 1972, fundó el Creation Research ("Instituto para la Investigación de la Creación", ICR de San Diego), institución privada no lucrativa, cuyo objetivo original fue publicar literatura creacionista y hacer campaña en las escuelas públicas en favor de las interpretaciones de los orígenes humanos a la luz de la Biblia. A pesar de presentarse como una organización de carácter apolítico y aconfesional, el ICR exige a todos sus miembros una confesión de fe sobre el fijismo de las especies creadas, la universalidad del Diluvio y la realidad histórica de la Creación, según el Génesis. En 1981, Morris obtuvo la aprobación oficial para la escuela superior, que ofrece títulos en Ciencias de la Educación, Geología, Astrofísica, Geofísica y Biología. Puesto que el ICR no está refrendado por la Western Association of Schools and Colleges, las escuelas más acreditadas no reconocen sus títulos ni aceptarán sus créditos de clase para un traslado de matrícula.

El profesor Morris decía que la Biblia era el libro de texto sobre la ciencia del creacionismo. De tal modo, que la creación habría tenido lugar en días de 24 horas, excluyendo absolutamente toda evolución. Para Morris, la fisonomía actual de la Tierra se debía al Diluvio universal. Esta perspectiva fue compartida por importantes teólogos de Princeton como Benjamin Warfield, Duane Gish, el reverendo Jerry Falwell y el Sínodo Luterano de Missouri, de donde surgió un buen grupo de colaboradores de Henry Morris para organizar el creacionismo científico en 1963.

Estos señores habrían forjado un culto ajeno a la Biblia, mezclando sus ideas con las Escrituras y moldeando otra cosa. Su contraparte serían los partidarios del evolucionismo materialista. Para ellos, las teorías evolucionistas serían la prueba científica definitiva de que no es admisible la Creación. El avance y los descubrimientos científicos habrían descartado que el origen del universo y del hombre se explicasen por la existencia de un Dios creador, eterno y omnipotente.
El hombre no es más que un producto de la evolución al azar de la materia, y los valores humanos son algo casual y relativo, no forman parte de una impronta que Dios deje a todos los hombres ya que están en función de las condiciones en que se ha realizado dicha evolución material, es decir, igual que robar, habitualmente, no todos, lo vemos como algo moralmente censurable, podría ser que hubiéramos desarrollado el valor contrario.

El relato del Génesis es algo que tiene que ver con los cimientos de todo el edificio. Si no hubo caída, no hubo pecado original, no lo heredaríamos, luego no necesitaríamos el sacrificio de Cristo, la propia existencia de Cristo como único Salvador pasaría a ser irrelevante. Creo que no es raro que sean los versículos más atacados de la Biblia, precisamente por eso, desde el ateismo se piensa que dinamitarlos es hacer que se resquebraje todo el edificio. Y los señores creacionistas científicos no hacen sino dar la razón a los evolucionistas materialistas. Olvidan una cosa fundamental: ES INÚTIL RAZONAR, EN BASE A LA LÓGICA, SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS CON ATEOS, PUES LA FE NO SE OBTIENE A TRAVÉS DE DEDUCCIONES LÓGICAS Y, ADEMÁS, LOS ATEOS SIEMPRE EMPIEZAN A CONSTRUIR SUS PREMISAS A PARTIR DE LA NEGACIÓN DE DIOS. ¡Entérense, señores creacionistas científicos!

La Biblia toda ella es la verdad literal pero las narraciones que contienen no tienen porque ser literalmente verdad, sobre todo muchas del Antiguo Testamento, escritas siglos después de producirse los hechos que se narran (lo que no cambiaría es la parte teológica, puesto que Dios no se contradice). Jesucristo mismo también enseñaba en base a numerosas parábolas, que, obviamente, no eran historias reales sino para extraer una enseñanza teológica de ellas. Jesús dijo "yo soy la vid verdadera" y, es obvio, Él no era una vid. La ciencia está ahí y se basa en hipótesis pero la fe va por otro camino distinto.

Dejando al lado el debate sobre la existencia o no de Dios, pues es absurdo y además la propia Biblia no solo no obliga a demostrarla sino que declara que el hombre no puede acercarse a Dios a través de sus propios esfuerzos ni tampoco puede entender las cosas de Dios por sí mismo, sí que es interesante comprobar que el cuestionamiento de las Escrituras por parte de los incrédulos, al desconocer la teología, siempre se hace centrando el ataque en la inexactitud o la falsedad de los hechos que se narran.

Cuando la Biblia no sería un manual de paleontología o un tratado histórico sobre el antiguo Oriente Medio hasta la época romana, sino un conjunto de narraciones, con mayor o menor base histórica, porque, para empezar, esa no sería la pretensión, pero que de todas sus páginas, del Antiguo o del Nuevo Testamento, podríamos sacar las mismas enseñanzas: que existe una soberanía de Dios sobre todas las cosas de este mundo, que el hombre por su naturaleza caída y pecaminosa es incapaz de alcanzar la salvación y que esta se obtiene solamente por gracia, sólo a través de la fe por la sola obra de Cristo, en aquellos predestinados por Dios, y no por buenas obras, aunque estas sean el testimonio de la fe y para ello la Biblia nos dé el patrón, la parte moral, la parte de la ley no derogada por Cristo.

Lo rechazable de plano sería desde luego este creacionismo científico, usar el calzador para introducir en la Biblia hipótesis que ni siquiera se pueden etiquetar como "científicas", como he dicho, sino como tonterías. No es cristiano ni es bíblico porque implica una enorme desconfianza hacia Dios de parte de los que lo defienden y la realidad es que es una toda cesión ante el sector materialista y ateo dentro del evolucionismo, que es el que más se ha empeñado desde el principio, desde Darwin, y más ha insistido en que creación divina y evolución de las especies por narices deben ser excluyentes una de otra.

Los creacionistas científicos no confían en Dios sino en una pseudo-ciencia, en definitiva, dan culto a otra cosa, a algo que ha sido creado por ellos y no a quien les ha creado a ellos. Son idolatras al mismo nivel que puedan serlo los evolucionistas ateos, puesto que, como buenos idolatras, adoran la obra de sus manos.

Por cierto, mi posición: creación y evolución no han de ser excluyentes. Una es fe y otra es ciencia. Yo no le doy la razón a quienes defienden que la existencia de Dios depende de conseguir falsar la teoría de la evolución pues, en ese caso, no es de fe de lo que estamos hablando.
Digan lo que digan sus partidarios, este creacionismo científico no debe enseñarse en colegios públicos, como llevan años intentando en los Estados Unidos. Otra cosa serían los colegios privados que acepten esta doctrina, ahí sí estarían en su pleno derecho.


Me he extendido más de lo que esperaba con esta cuestión, así que publicaré una tercera parte sobre educación y estatismo.
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