sábado, 15 de enero de 2011

La Revolución Inglesa del siglo XVII (II)

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Carlos II aceptó la potestad parlamentaria para la elaboración de leyes y la aprobación de impuestos. Los problemas comenzaron de nuevo con la subida al trono de Jacobo II, católico y con tendencias fuertemente absolutistas. Éste intentó reimplantar de nuevo la monarquía absoluta, disolviendo el Parlamento en 1687 y creando un ejército personal con numerosos católicos romanos en los mandos de mayor importancia, pero se encontró con la oposición frontal de los nobles, quienes no eran católicos. Se forjó un nuevo acuerdo entre nobleza y burguesía con el fin de destronar al rey. En realidad, no solo influyeron en esto las ideas absolutistas de Jacobo sino también su política religiosa y su intento de instaurar una dinastía católica en Inglaterra.

En 1688, ambos grupos ofrecieron la corona de Inglaterra al príncipe holandés Guillermo de Orange con dos condiciones: debía mantener el protestantismo y dejar gobernar al Parlamento. El 30 de junio de ese año, un grupo de nobles protestantes, conocido como los "Siete Inmortales", le solicitaron venir a Inglaterra con un ejército. Para septiembre estaba claro que Guillermo intentaría invadir el país y aun así, Jacobo cometió el error de rechazar la ayuda de Luis XIV, el rey de Francia y el monarca católico más poderoso de Europa, ante el temor de que los ingleses se opondrían a la intervención francesa. Cuando Guillermo de Orange llegó a Inglaterra el 5 de noviembre de 1688, todos los oficiales protestantes del rey desertaron. Jacobo, abandonado por todos los grupos sociales (incluida su propia hija, Ana), abdicó del trono.
La Gloriosa Revolución, que abolió definitivamente la monarquía absoluta e inició en Inglaterra la época de la monarquía parlamentaría, con la participación de los súbditos en el gobierno del Estado a través del Parlamento, había triunfado sin violencia y sin derramamiento de sangre, sin guillotinamientos a mansalva y sin genocidios de "enemigos del Estado", como el de La Vendée, a diferencia de la Revolución Francesa de 1789.

Guillermo y su esposa María fueron coronados juntos en la Abadía de Westminster el 11 de abril de 1689 por el obispo de Londres, Enrique Compton. Normalmente, las coronaciones de los monarcas ingleses eran realizadas por el arzobispo de Canterbury, pero el arzobispo de entonces, Guillermo Sancroft, se negó a reconocer la deposición de Jacobo II. En el día de la coronación, la convención de los Estados de Escocia declaró que Jacobo no era más el rey de Escocia. Ofrecieron a Guillermo y María la corona escocesa, quienes la aceptaron el 11 de mayo, convirtiéndose el primero en Guillermo II de Escocia.

En diciembre de ese año, uno de los documentos constitucionales más importantes de la historia inglesa, el Acta de Derechos ("Bill of Rights"), fue aprobada, estableciéndose una serie de obligaciones y deberes del Rey y el Parlamento: 1) El Rey no podría crear o eliminar leyes o impuestos sin la aprobación del Parlamento; 2) El Rey no podría cobrar dinero para su uso personal, sin la aprobación del Parlamento; 3) Sería ilegal reclutar y mantener un ejército en tiempos de paz, sin aprobación del Parlamento; 4) Las elecciones de los miembros del Parlamento deberían ser libres; 5) Las palabras del Parlamento no podrían obstaculizarse o negarse en ningún otro lugar; 6) El Parlamento debería obligatoriamente reunirse con frecuencia.


El depuesto Jacobo, por supuesto, como buen déspota, no estaba en absoluto conforme con haber perdido la corona, intentando, a través de sus partidarios en la católica Irlanda, recuperar el trono inglés, con la ayuda de Francia.

Un primer levantamiento en apoyo de Jacobo se produjo en 1689, dirigido por John Graham de Claverhouse, conocido como "Bonnie Dundee", quien levantó un ejército de clanes de las Highlands. En Irlanda, los católicos locales dirigidos por Richard Talbot I, conde de Tyrconnel, tomó todos los lugares fortificados de la isla excepto Derry, en un intento de conservar el reino para Jacobo. Éste mismo desembarcó en Irlanda con 6.000 soldados franceses para tratar de recuperar el trono, en la que fue llamada en la Guerra Guillermita de Irlanda, y que duró desde 1689 hasta 1691. En solo un año, la Revolución Gloriosa se estaba viendo amenazada.

La derrota decisiva de los jacobitas tuvo lugar el 1 de julio de 1690, cerca de Drogheda, en la costa este de Irlanda, la que fue llamada Batalla del Boyne. En ella, los guillermitas derrotaron fácilmente a las tropas jacobitas, formadas principalmente por soldados recién reclutados y poco preparados.



Los jacobitas fueron desmoralizados por su derrota, por lo que muchos infantes irlandeses desertaron. Los guillermistas marcharon triunfalmente sobre Dublín dos días después de la batalla. El ejército jacobita abandonó la ciudad y se retiró a Limerick, donde fueron sitiados. Después de su derrota, Jacobo no se quedó en Dublín, sino que cabalgó con una pequeña escolta a Duncannon y regresó al exilio en Francia. Su apresurada huida enojó a sus partidarios irlandeses, que, no obstante, siguieron luchando hasta la firma del Tratado de Limerick, en 1691.

Para Jacobo fue el final de la esperanza de recuperar su trono, asegurándose el triunfo de la Revolución Gloriosa. En Escocia, los Highlanders abandonaron la Rebelión Jacobita, ante las noticias de la batalla.

Los logros de la Revolución Gloriosa se habían salvado.

Por esta razón, por la importancia simbólica de esta batalla, la Orden de Orange ("Orange Order"), organización de fraternidad protestante fundada en 1785, el 12 de julio de cada año, celebra el Día de la marcha de los Orangistas, como consecuencia de haberse ajustado al Calendario Gregoriano:






La Orden de Orange es la organización protestante más comprometida con la unión del territorio norirlandés a la corona británica y a la lealtad a ésta, siempre que defienda el protestantismo. Cada 12 de julio, los hermanos en la fe que la componen, en Irlanda del Norte y también en el resto del Reino Unido, convocan desfiles en conmemoración de la batalla del Boyne.
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